Hace unos años asistí a un retiro de meditación budista con Martine Batchelor, reconocida maestra de la tradición Zen que, durante la segunda mitad de los años setenta y principios de los ochenta, radicó en un monasterio en Corea. Martine, ahora budista secular, se ha adentrado en lo que en Occidente conocemos como Mindfulness o meditación de la conciencia plena.

Martine Batchelor as a nun in Korea. Photo courtesy the author
Martine Batchelor en Corea. Fuente: http://aeon.co/magazine/


En esa ocasión, reflexionando sobre la conciencia en la respiración, recordaba cuando leyó “The Dharma Bums”, crónica novelada de Jack Kerouac sobre la Generación Beat, donde se retrata las experiencias de escritores, como el mismo Kerouac, Gary Snyder, William Burroughs, Allen Ginsberg, Neal Cassady o Philip Whalen; haciendo acampadas, montañismo, ciclismo, bacanales, visitando clubes nocturnos, consumiendo estupefacientes y realizando lecturas de poesía, con el afán de buscar el contexto “Budista” detrás de esas vivencias. 


Uno de los personajes de este movimiento literario que más le habían llamado la atención era el mismo Allen Ginsberg.
-No entendía cómo se había metido en tantos problemas- nos comentaba.
 
Ginsberg, como Kerouac, durante los años en la Universidad de Columbia (1943-1949), habían sido protagonistas de varios escándalos, incluyendo la realización de un pasquín obsceno -en respuesta a manifestaciones antisemitas de una persona de limpieza- y el homicidio de un compañero -aparentemente, relacionado con un caso de acoso sexual.

Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs en los años de Columbia. Fuente: fuckyeahbeatniks.tumblr.com
Jack Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs en los años de Columbia. Fuente: fuckyeahbeatniks.tumblr.com
De estos hechos, Kerouac había sido expulsado de Columbia y Ginsberg suspendido por un año. Mucho tuvo que ver Lionel Trilling, crítico literario y profesor en el Departamento de Inglés de la Universidad, en que a Ginsberg sólo se le cesara de la institución académica. Para 1947, Trilling no sólo se había convertido en el foco de admiración del joven Allen en lo que respecta a la personificación literaria, sino que era también un tipo de mentor y figura paterna. El profesor veía mucho potencial en el joven estudiante, y nunca desistió de ayudarlo cuando tenía dificultades. Incluso jugaría un papel muy importante en un evento más de su vida.
En 1949, Trilling recibió una carta del padre de Allen Ginsberg, quien ya había dejado Columbia. Había sido arrestado por tener en su posesión bienes robados en su departamento, como resultado de haber albergado a un ladrón a quien quería reformar y que había almacenado su botín en su vivienda. La acusación de complicidad podría conllevar que Ginsberg pasara un tiempo en la cárcel.
Ginsberg estaba desesperado cuando recibió la llamada de Trilling, nos relataría Martine Batchelor. Al parecer, su respiración era corta y jadeaba. Le preguntaba qué podía hacer. Se justificaba y advertía que él no era responsable.
Sólo respira– habría sido la respuesta del otro lado del auricular.
 
¿Se pueden imaginar la reacción de Ginsberg en ese momento? ¿Cómo le podían decir que sólo respirara? 
Lo cierto es que, el que sería uno de los poetas más representativos de su generación, no iría a la cárcel. Trilling consiguió convencer a la policía que en vez de una sentencia en un reclusorio, Ginsberg fuera enviado a un hospital psiquátrico. De esa manera, fue internado en Instituto Psiquiátrico de Nueva York, donde recibió terapia psicoanalítica y conoció a Carl Solomon, el psicótico que inspiró su poema más famoso, “Howl”.

Sin embargo, la situación de angustia en aquel momento de su vida y las palabras de su mentor posiblemente influyeron en sus descubrimientos posteriores: En los años sesenta, durante un viaje a la India, se introduciría en el Yoga y la meditación, y llegaría a la conclusión de que ambas disciplinas eran superiores a los psicotrópicos para elevar la conciencia. También se interesaría por las religiones orientales, especialmente el Budismo, y estudiaría en los años setenta con el Venerable Chogyam Trungpa Rimpoche en el Instituto Naropa de Colorado.

PictureAllen Ginsberg y Chogyam Trungpa Rimpoche. Fuente: http://www.epilatesyoga.com
Allen Ginsberg y Chogyam Trungpa Rimpoche. Fuente: http://www.epilatesyoga.com/1/post/2010/11/chogyam-trungpa-rinpoche-smiling-at-fear.html
 
Curiosamente, la meditación que enseñaba Trungpa, la meditación Shamatha, es una meditación que tiene como objetivo la concentración para calmar la mente y alejarla de la producción mecánica de fantasías y formas de pensamiento. Si bien en este tipo de meditación se pueden elegir diferentes objetos de concentración, el más clásico es la respiración. Por lo general, esto es porque la respiración es algo que se puede tener a la mano en cualquier momento de la vida. La atención a la respiración, a través de Shamatha, se le llama Anapanasati.Una vez más, la máxima de sólo respira, hace sentido en la vida de Allen Ginsberg. No es extraño que titulara a uno de sus libros de poemas Mind Breaths, el cual, por cierto, se lo dedicó a Trungpa.
 
Creo que cuando nos iniciamos en el arte de la meditación, debemos comprender justamente eso, el arte de respirar que es el arte de la calma. Existen momentos en la vida que la solución, la decisión o la acción sobre una situación determinada no es posible. Por lo general, en esos instantes, los seres humanos tenemos la tendencia a irnos a experiencias pasadas o a imaginarnos situaciones futuras. En cualquiera de las dos situaciones, no estamos viviendo la realidad tal y como es, porque ésta no tiene lugar en lo que ya pasó o lo que no ha pasado. La realidad está en el aquí y el ahora. Contemplar la respiración es una manera de traernos a este momento, a la única realidad que existe, a la del momento presente. Es como si la respiración nos volviera a a anclar en la tierra del torbellino de pensamientos y elucubraciones en los que muchas veces estamos inmersos y que nos producen desasosiego, angustia o miedo, y que no son más que simples espejismos. 
Lograr esto requiere de una disciplina de la mente, de una práctica regular de meditación. Todos podemos respirar, e incluso lo hacemos de manera mecánica. No obstante, el arte de Anapanasati consiste en respirar de manera consciente. Es justamente esta concentración, este anclaje, a partir del cual surge la calma. 

A continuación, te dejo una guía básica de la meditación Shamatha Anapanasati

Puedes probar en grabar tu voz con las instrucciones, dejando una breve pausa entre párrafo y párrafo para empezar a asimilar la práctica. Si estás iniciándote en la meditación, prepárate para hacerlo entre cinco y diez minutos para no agotarte.
Hay diversas formas de iniciar y cultivar esta práctica; ésta es sólo una de ellas que te puede servir a modo de introducción. Conforme vayas avanzando, te darás cuenta que cada sesión es distinta y encontrarás una cualidad distinta de ir hacia dentro a través de tu respiración, una experiencia más vasta y más sutil.

Empecemos:

Siéntate erguido en una silla, cojín o bolster (revisa algunos básicos previos a la meditación), de tal manera que te puedas mantener cómodo, pero alerta.
Respiro de forma normal y natural. No trato de alterar el ritmo de mi respiración.
Sin manipular la inhalación o la exhalación. No las hago más largas o cortas. No quiero igualar su duración. No deseo controlar mi respiración. Sólo la observo, la siento, la contemplo.
Tal y como es mi respiración. Tal y como es este momento. Me permito observar eso que es esencial en mí, que me dice que estoy vivo justo en este instante.
Dirijo mi atención al lugar en donde se percibe más mi respiración. Puede ser en mi abdomen, pecho, la punta de tu nariz, o en cualquier otro lugar.
Inhalo y soy consciente de que estoy inhalando.
Exhalo y me doy cuenta de que estoy exhalando.
Sostengo mi observación. Cada respiración es distinta así como cada instante es distinto.
Inhalo. Exhalo.
Puedo sentir el aire fresco cuando entra en mi cuerpo. Más cálido cuando sale de él.
Sólo siente el flujo de la respiración. Es como las olas en el mar. Cuando inhalo, la ola se forma. Cuando exhalo, la ola rompe.
Si me distraigo, no me juzgo. De manera gentil, regreso de nuevo mi atención a la respiración. La observo. La disfruto.
No hay otro lugar a donde ir. No hay otra cosa que hacer. Este momento lo estoy dedicando a percibir las distintas cualidades de mi respiración.
Sólo respiro. Una inhalación y una exhalación a la vez.
 
Agradece este instante que te has regalado para conocerte en esta actitud de observación.
¿Practicas algún tipo de meditación regularmente?  Cuéntanoslo. Si te apetece compartirlo con otros lectores déjanos un comentario, y si te ha gustado el post compártelo con la gente que quieres a través de la barra de debajo : ) 
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